Por qué y para qué ocupar la política

El problema
de la política

La propuesta
de Ocupar

Para qué Ocupar:
Habitar la política

¿Para qué
esta Guía?

El problema de la política

Millones de personas no se sienten representadas en las instituciones políticas, que además no dan respuestas a sus problemáticas e intereses. En sociedades diversas, son pocos quienes se han mantenido por mucho tiempo, y con prácticas cuestionables y anacrónicas, en lo más alto de los sistemas de toma de decisiones públicas.

Hay quienes enarbolan las banderas del cambio en cada elección, pero las mismas prácticas continúan. Si queremos que las cosas cambien no podemos seguir haciendo lo mismo, necesitamos procesos de liderazgo innovadores, colectivos y comprometidos con la apertura.

Fallas de la democracia

En Colombia, Latinoamérica y el mundo la democracia se está debilitando: cada vez menos personas confían en la democracia, en sus instituciones y en sus conciudadanos/as. Cada vez vemos más prácticas autoritarias y son más fuertes las opciones políticas que debilitan los derechos e instituciones democráticas que han construido generaciones enteras.

Mapa de puntaje por país del índice de la democracia del The Economist Intelligence Unit 2023
Puntaje promedio global del índice de la democracia del The Economist Intelligence Unit 2006-2023
En los últimos 20 años ha disminuido el número de personas que apoyan la democracia en más de 20%. LAPOP2023

Fallas de las elecciones

Aunque las personas y comunidades se organizan y movilizan para defender la democracia, sus derechos e instituciones, cuando llegan las elecciones, principal sistema de toma de decisiones en nuestros países, encontramos escenarios desiguales e inequitativos, en el que muchas veces liderazgos personalistas, avalados por partidos políticos con procesos poco claros, financiados por grupos con grandes intereses económicos, terminan haciendo uso de publicidad engañosa, desinformación, prácticas poco éticas e incluso criminales.

¿Es posible que otros tipos de liderazgos puedan competir de mejor manera en las elecciones y enfrentar estas estructuras y prácticas de la política tradicional? Pues en Ocupar la Política estamos convencidas que si es posible y trabajamos todos los días para hacerlo realidad.

La propuesta de Ocupar

Ocupar la Política busca potenciar liderazgos colectivos, de todos los sectores ideológicos y partidos políticos, prioritariamente población históricamente excluida o subrepresentada en los espacios de toma de decisión, comprometidos con los pilares del Estado abierto y que lleven a cabo prácticas de innovación política, para que ocupen la política a través de los procesos electorales.

El liderazgo como un proceso colectivo

El liderazgo colectivo se entiende como un modelo de liderazgo que responde a los cambios y las necesidades de las organizaciones y los procesos del Siglo XXI, que trabajan en lógicas más abiertas, son menos jerárquicos y priorizan el trabajo en red. Este modelo se presenta como una visión alternativa al “liderazgo heroico” en el cual una sola persona se adueña del poder y lo mantiene mediante un relacionamiento privilegiado que genera una visión inamovible para ser replicada por sus seguidores.

El liderazgo colectivo cambia el paradigma de liderazgo tradicional por:

01.

Cuestionamiento de los modelos jerárquicos y cerrados: está basado en estructuras más horizontales y participativas, en las cuales líder o lidereza es aquella persona que facilita condiciones para que otras puedan asumir la responsabilidad sobre el proceso

02.

Un proceso relacional que produce liderazgos en un grupo, organización o sistema.

03.

Un sistema más amplio de relaciones que permite encontrar sentido en ellas mediante la comunicación asertiva y la organización de objetivos comunes.

04.

La idea de gobernanza: posibilita a la ciudadanía de participar en las soluciones de los problemas sociales, políticos y públicos, y estimula la corresponsabilidad y de impulsar el compromiso social y el bien colectivo.

Reducir costos: democratizar la democracia

Ocupar la Política busca que cualquier tipo de liderazgo, sin importar su capacidad financiera, pueda competir en mejores condiciones, es decir, que el dinero no sea un factor fundamental y que sí lo sean las ideas y las agendas programáticas.

Para lograr esto, en un contexto en el que grandes cantidades de dinero intervienen en la democracia, buscamos facilitar el acceso al conocimiento y las herramientas que posibilitan la participación, de modo que el ejercicio de los derechos políticos no esté condicionado por el dinero.

El conocimiento sobre la participación electoral se ha acumulado en unas pocas personas que lo han ganado con la práctica por generaciones o que lo han estudiado y cobran grandes sumas de dinero por ponerlo a disposición de las campañas. Por eso lo primero que ponemos a disposición de todxs es el conocimiento, con los liderazgos que participan de Ocupar la Política desarrollamos procesos de formación, pero además nuestra plataforma de contenidos es de libre acceso para cualquiera que tenga el interés y quiera aprender sobre participación electoral.

En la misma plataforma FormAcción se encuentra una diversidad de herramientas útiles para la planificación de campañas electorales, la movilización ciudadana y la comunicación política. Además, una herramienta particular que ha acompañado el proceso de Ocupar la Política es la tecnología de la información. En la última década esto ha cobrado gran relevancia, facilitando el desarrollo de campañas de comunicación focalizadas, más eficientes y que permitan llegar a los votantes en medio de la fuerte marejada de información.

Estas tecnologías, tradicionalmente privadas, son de alto costo para sus usuarios, por eso en Ocupar la Política hemos apostado por poner a disposición de las campañas, a costo cero, herramientas como Liane y Wappid, con un uso ético que proteja la privacidad y demás derechos de votantes en el uso de su información.

Innovar: transformar relaciones de poder

La innovación política es entendida como una serie de prácticas que permiten que se lleve a cabo una redistribución del poder político y que se reduzcan las desigualdades económicas, sociales, de género y raza, entre otras que atraviesan a las sociedades, mediante prácticas replicables y descentralizadas, tecnologías digitales y análogas, y procesos de experimentación e iteración constante para resolver los problemas de siempre en contextos diversos. Con el fin de generar un mejor entendimiento de la definición, se profundizan cada unas de estas prácticas de la siguiente manera:

En la política se necesitan lógicas de relacionamiento más horizontales, en las cuales la ciudadanía y diferentes poblaciones puedan participar de los espacios y procesos de toma de decisión, tengan acceso a información, datos y procesos abiertos. Así mismo entendemos que la redistribución también se da desde la manera en la que se ejerce el liderazgo, en la que deben primar los liderazgos colectivos por encima de aquellos que viven la política de manera individual.

Los procesos de cambio y transformación no queden centralizados en las manos de una o pocas personas, sino que la información, las prácticas, los saberes y las herramientas estén disponibles para que diversos miembros de los procesos puedan acceder a ellos, replicarlos y re-trabajarlos en caso de que sea necesario; esto implica que estas prácticas de innovación no deben responder exclusivamente a la casuística y situaciones limitadas, sino que deben ser conscientes del contexto global y de su relación con otros movimientos políticos.

Así mismo, la descentralización del conocimiento y la información pasa por las lógicas abiertas de la política que procuran que exista una base ética de transparencia, participación y colaboración. Todo esto teniendo en cuenta que se debe buscar reducir los costos de la democracia para que sea cada vez más posible acceder y ocupar los espacios de toma de decisión.

la innovación pasa por el uso asertivo de herramientas digitales para transformar las lógicas tradicionales del poder, no para digitalizar las prácticas que tienen a la política en el estado en el que se encuentra y a las sociedades en círculos viciosos.

Es necesario entender que las tecnologías no son solamente digitales, sino que pasan por ejercicios análogos de calle, por la aplicación de cajas de herramientas, metodologías y lienzos, y el desarrollo de prácticas ancestrales como los círculos de mujeres y de la palabra, y las mingas, entre otros.

La innovación requiere procesos de experimentación constante que lleven a las instituciones, los políticos y a la ciudadanía a re-pensar, reconstruir y rediseñar los procesos, las narrativas y las diferentes formas de abordar los problemas de siempre. Las cosas no van a cambiar si son estáticas, así que la innovación procura que la política se movilice hacia modelos de espiral donde el ensayo y el error son la base de la prototipación.

Para qué Ocupar: Habitar la política

No se trata de ganar elecciones, buscamos mejorar la democracia. Después de Ocupar la Política, Extituto realiza un trabajo de acompañamiento a las personas electas, a las instituciones que ocupan y a organizaciones de sociedad civil interesadas para desarrollar proceso de innovación, participación e incidencia, para que las instituciones trabajen de la mano con la gente, para que el ejercicio de la representación no sea simplemente una labor delegatoria de cada cuatro años, para que lxs políticos no se acuerden de la ciudadanía solo para pedirles el voto, sino para que la representación sea un ejercicio construido de manera permanente y conjuntamente con la ciudadanía.

Compromiso con la innovación y la apertura

Buscamos que los liderazgos de Ocupar la Política estén comprometidos con la apertura democrática. El Estado abierto es un modelo de gestión pública que busca la apertura política e institucional a la ciudadanía mediante el fomento a una cultura de la innovación a través prácticas de transparencia, participación y rendición de cuentas en el ámbito de lo público, y el uso asertivo de tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Tiene como fin la promoción de la participación, el pluralismo y la corresponsabilidad, la consolidación de prácticas colaborativas y el desarrollo de procesos políticos y públicos más transparentes y eficientes, para así poder superar la crisis de credibilidad, legitimidad y confianza de las instituciones públicas y democráticas.

¿Para qué esta Guía?

Extituto y particularmente Ocupar la Política se han fundamentado en un profundo trabajo de diálogo, aprendizaje y construcción conjunta a nivel latinoamericano. Construimos este programa aprendiendo de otros procesos que habían sucedido en Brasil, Argentina, Chile y México.

Este proceso a su vez ha nutrido otras experiencias y continúa en diálogo con otras experiencias de la región. Ese es el propósito de esta Guía: aportar al diálogo, al aprendizaje y la construcción conjunta de procesos de innovación política en latinoamérica.

Innovar es estudiar, aprender, compartir

Nos tomamos muy en serio la experimentación: medir para aprender y transformar. Todas las versiones de Ocupar la Política (2019, 2022 y 2023) han sido diferentes, la hemos evaluado e incorporado mejoras y correctivas en cada una, buscando ser cada vez más pertinentes y responder a las necesidades y el contexto del momento específico. El contenido y los resultados de cada versión es lo que se encuentra en esta Guía, disponible para ser consultado y usado en la implementación de nuevos y mejores procesos de innovación política.

Una receta que no funciona: haz tu propio experimento

La democracia es imperfectible. Las soluciones solo funcionan en contexto. El fortalecimiento de la democracia no tiene una fórmula mágica, de hecho los mejores procesos democráticos nunca llegan a la perfección, deben seguir construyéndose día a día para mantener vivo el proceso. Por eso Ocupar la Política cambia en cada versión, evoluciona y se adapta al contexto. En ese sentido lo que presentamos en esta Guía no es una receta perfecta, es solo el conocimiento que compartimos para que quienes lo revisan puedan tomar lo que sea útil. Nuestra invitación es a que esto no se aplique simplemente y fuera de contexto, sino a que se hagan siempre la preguntas necesarias sobre la pertinencia de esto para las personas que lo puedan utilizar, que se pueden beneficiar y ver afectadas por esto.

Invitamos a liderazgos y mentores a escribir su historia de Ocupar la Política y a contarnos en vídeo sobre su trayectoria política.

Magdalena vuelve a soñar

Autora: Monica Amaris
Monica Amaris fue candidata a la Asamblea de Magdalena en el 2023, hizo parte del proceso de formación y mentoría de la tercera versión de Ocupar la Política.

Las mujeres merecen ocupar la política

Autora: Tatiana Jaramillo
Tatiana Jaramillo fue candidata a la Cámara de Representantes en el 2022, hizo parte del proceso de formación y mentoría de la segunda versión de Ocupar la Política.

Raíces de resistencia

Autora: Hector Contreras
Hector Contreras fue candidata a la Junta Administradora Local 01 de Cartagena en el 2023, hizo parte del proceso de formación y mentoría de la tercera versión de Ocupar la Política.

VOCES OCUPAR

Carolina Giraldo

Carolina Giraldo fue candidata a la Cámara de Representantes en el 2022, hizo parte de Ocupar la Política en su segunda versión y fue electa como Representante a la Cámara. Conoce su experiencia.

Luis Carlos Leal

Luis Carlos Leal fue candidato al Concejo de Bogotá 2019, hizo parte de la primera versión de Ocupar la Política, fue concejal hasta el año 2023, hoy continúa su camino político como funcionario público. Conoce su experiencia.

Ana Karina Castañeda

Ana Karina Castañeda fue candidata a Junta Administradora Local 02 de Santa Marta en el 2023, hizo parte de la tercera versión de Ocupar la Política y fue electa como edilesa (2024-2027)

Jennifer Pedraza

Jennifer Pedraza fue candidata a la Cámara de Representantes en el 2022, hizo parte de Ocupar la Política en su segunda versión y fue electa como Representante a la Cámara. Conoce su experiencia.

Natalia Romero

Natalia Romero fue candidata a la Junta de Administración Local de Sumapaz, Cundinamarca en el 2023, hizo parte de la tercera versión de Ocupar la Política y fue electa como edilesa (2024-2027)

Invitamos a liderazgos y mentores a escribir su historia de Ocupar la Política y a contarnos en vídeo sobre su trayectoria política.

Mentorías de Ocupar la Política: una red original de aprendizaje entre pares

Autora: Alejandra Parra
Es directora de estrategia y sostenibilidad de Instituto Update, es politóloga con experiencia en campañas electorales, mandatos legislativos.

TERAPIA

Autor: Andrés Segura
Andrés Segura es experto en asuntos públicos, crisis y comunicación estratégica. Es docente de la Universidad del Rosario y socio fundador de Ennoia.

El Magdalena vuelve a soñar.

Autor: Mónica Lucia Amarís Otero

La motivación de este escrito es abrir las puertas de mi corazón y de la  realidad que trae luchar por un sueño llamado Magdalena.

Hace algún tiempo me hacían la pregunta: “¿Qué haces en la política? Es corrupta y tus acciones serán mínimas ante un sistema que te intentará bloquear desde el primer momento”. Esa inquietud me acompañaba siempre, aunque no vea  la política como un obstáculo, sino  como una oportunidad de hacer las cosas distintas y crear realidades positivas para la región.

Sin embargo, cuando inicie el proceso de liderar una campaña política encontré varias preguntas que retumbaban en mi mente como: ¿Por qué yo sería diferente en el ejercicio de la política? ¿Estaré preparada para asumir la responsabilidad de liderar? ¿Mi vida estará en peligro si soy muy honesta?, en particular esta última  me generaba un millón de sentimientos y pensamientos que llegaban a bloquear mis acciones.

1. Motivación

Miraré este viaje como una metamorfosis que tiene seis fases, la primera de ellas es la motivación. Como ya lo dije antes, los pensamientos de bloqueo mental siempre me  acompañan y son realmente los que me limitan a sacar todo mi potencial. 

Cuando era niña cuestionaba todo a mí alrededor y experimenté sentimientos de dolor y soledad al perder a un padre a muy temprana edad, producto de una guerra injusta que sólo trae tristeza y desesperanza a un país. Ese tipo de pérdidas me marcan y van creando un bucle de pensamientos que crean la ilusión de que  es mejor no tener nada para que no muestren interés en ti, y pases desapercibida, tranquila e invisible. Si no tengo nada, no pierdo nada; esa era mi mejor defensa. Esos pensamientos llegaron a hacerme pensar que no era  merecedora de nada. 

Mientras crecía notaba injusticias ocurriendo en todo momento. Esas situaciones no las veía desde lejos , intentaba ayudar. A veces no podía hacer nada y eso me generaba frustración. Esa frustración se fue convirtiendo en una razón para hacer algo. Sin saber, encontré la motivación para iniciar un camino hacia la política. Empecé a preguntarme qué había detrás de todas esas personas, sus historias, sentimientos y sueños. Comprendí que todas tenían algo en común “sueños no cumplidos”, y sus entornos no eran nada alentadores para permitirse guardar esperanza en que las cosas podían ser diferentes. ¡La resignación era su diario vivir!

Así entendí dos cosas; la primera es que los sueños son sinónimo de motivaciones que abren caminos de esperanza para lograr lo que te propongas. La segunda es  que el Magdalena estaba lleno de personas que habían apagado sus sueños. Esto lo corroboré un día que visité el municipio de Ciénaga y me encontré una señora sentada en un mecedor limpiando vegetales para el almuerzo, mientras hacía eso yo le puse conversación sobre su vida y le pregunté si ella se sentía plena. Su respuesta fue: “Sí mija, aquí no hay mucho que hacer”. Después le pregunté si ella tenía sueños y me respondió: “¿Cuáles sueños?, aquí no se puede soñar nada porque todo se lo roban, ¡hasta eso!” nos reímos las dos, pero en mi mente quedó esa expresión “se roban los sueños”. 

Me puse a analizar qué había detrás de esa expresión y me di cuenta que esa señora tenía toda la razón. Ella se encontraba en un entorno en el que cada cuatro años llegaban políticos con promesas que la ilusionaban , pero cuando llegaban al poder, éstos desaparecían. Ella veía cómo se robaban los recursos de su municipio y cómo a la gente se le dificulta tener un sustento estable, sus nietos e hijos tenían opciones muy limitadas de empleo o estudio. Todo eso y más respaldan la expresión: ¡Aquí se roban hasta los sueños! Inmediatamente entendí que debía hacer algo, ¡ya no podía seguir más desde la barrera!

2. Cómo iniciar a caminar en el sueño.

A los 24 años decidí irme de Santa Marta para continuar con mi preparación académica y enfocar mis sueños de impulsar acciones positivas para mi departamento. Emprendí un viaje hacia la gran capital, Bogotá, con una maleta cargada de ilusiones y sueños pero con el firme propósito de volver.

En unas vacaciones de regreso a Santa Marta, vi que  mi tía tenía en su casa un sistema formativo para fomentar líneas de emprendimiento en las mujeres y lograr su independencia económica. Me pareció espectacular su proceso y la ayudé a construir un sueño más grande: hoy tiene a 5.000 mujeres lideresas de sus propios negocios que están muy agradecidas. 

Ese proceso sumado a toda esa pasión por el liderazgo que se había despertado en mí desde niña y el firme propósito de defender mi ciudad, mi casa, mi familia, y todo lo que me rodeaba, me dio la valentía para decir “ya estoy lista para dar el paso y ser candidata a las elecciones del 2023”. No tenía claro hacia qué corporación pero sí tenía claro que quería hacerlo y no sólo para “hacer el ejercicio”, una frase muy usada para respaldar el sentimiento de fracaso que se siente si no se logra el objetivo: “Yo solo estoy haciendo el ejercicio”, decían compañeros que al igual que yo dieron el paso hacia las elecciones. 

Dios fue la clave para decidir a qué corporación aspirar, porque aunque mis pasos de liderazgo y procesos los tenía en Santa Marta, él propició todo para que se me abrieran las puertas y empezar a caminar por el departamento del Magdalena. Ese Magdalena olvidado y roto, al que también le habían robado sus sueños y no veía esperanza en el futuro.

En ese camino por el Magdalena, vi jóvenes talentosos en el arte, literatura, cultura, deporte, ciencias, tecnología, música, y mucho más. También conocí historias divinas de cada uno de los municipios donde fui, desde el origen de la cumbia, el carnaval, el vallenato, el fútbol, las comidas tradicionales, entre otras historias que me mostraban lo rico e importante que es el departamento. Vi los atardeceres en el río Magdalena, amaneceres en la Sierra Nevada de Santa Marta, lugares mágicos e históricos, que me enamoraron profundamente de mi región. El sonido que llevaba el viento cada vez que pasábamos el río Magdalena en ferry me recordaba las voces de muchos que ya no están pero que aún sueñan con verlo relucir.

3. La travesía.

Después de activar todos mis sentidos en reconocer y vivir al máximo cada una de esas experiencias en mi departamento, inicié la travesía. Lo más importante fue encontrar la esencia y la motivación, comprender que no era un “¿Por qué?” sino un “¿Para qué estoy aquí?” Y la respuesta fue poder crear un camino que le mostrara a las personas que el departamento deseaba volver soñar y que había perdido la esperanza por tanto dolor que vivió.

Eso me permitió llevar un mensaje soñador y de trabajo duro, que se convirtió en el acto más revolucionario que pude tener. Tomé todos esos mensajes negativos que me decían: “¡No te metas en política!, ¡el Magdalena no tiene salvación!, ¡eso de los sueños son sólo ilusiones!, ¡salte de eso!, ¡búscate un trabajo mejor!, ¡ya vas a robar también!, ¡a ti no te respalda nadie!, ¡estás sola y no podrás!”, y los transformé en templanza que me impulsaron a dar un salto de fé. 

Estaba en esa búsqueda encontrar las piezas claves para construir una apuesta diferente y lo que sería mi campaña. Recuerdo el momento en el que recibí un mensaje de una amiga muy especial que me decía: “¡Moni, inscríbete, esto es justo para ti!”, le agradecí y abrí el enlace donde hablaban de una convocatoria llamada “Ocupar la Política” para apoyar a candidaturas que tuviesen una apuesta innovadora que promoviera la transformación de las formas de hacer política. La oferta mencionaba una serie de herramientas que me parecieron oportunas para lo que estaba buscando, me interesaba que mi campaña diera un mensaje que resonara en todo el Magdalena. Sin dudarlo, me inscribí y fui afortunada de quedar seleccionada, me emocionaba porque sabía que tendría la ayuda que necesitaba. 

Me asignaron a un mentor para acompañarme en mi proceso, su nombre es Andrés Segura, y hasta el día de hoy le agradezco por todo lo que hizo por mí. Fue un gran impulso que me permitió encontrarme a mí misma como persona y candidata. En sus mentorías comprendí que mi mente tenía mucho ruido y presiones que no permitían que mi voz interior se escuchara. 

En una de las sesiones de mentoría, en la que estaba presente mi equipo de trabajo, el mentor nos hacía preguntas sobre cuál era mi interés de estar en la política y le empecé a contar todo el trabajo que había hecho desde los 16 años apoyando a muchas personas a construir sus sueños. Hicimos una pausa y me preguntó si conocía el “Viaje del Héroe”, francamente le dije que no, a lo que él me empezó a contar: “Es una historia que se ha contado en todo el mundo de diferentes maneras, solo cambian los personajes, los lugares, entre otros, pero en esencia es la misma. Siempre hay un héroe que emprende un viaje y pasa por muchas dificultades, que no sabe cómo enfrentar , y en su camino aparece alguien que lo acompaña: Un amigo, maestro, abuelos, magos… que le dan el impulso para avanzar y lograr sus objetivos.” Finalizó esa intervención con la pregunta: “¿En el “Viaje del Héroe” qué personaje eres?” 

En ese momento, para mí y mi equipo estaba claro que yo era la heroína, a lo que él me responde: “¡No lo eres!”, inmediatamente me puse a la defensiva porque yo sentía que estaba pasando por lo mismo que el héroe, ¿cómo así que no lo era?. Andrés me respondió: “Moni tu nunca has sido la heroína, mira todo lo que me contaste, desde los 16 años estás ayudando a los demás a cumplir sus sueños, entonces tu eres esa persona que impulsa y camina al lado de los demás para que cumplan sus propósitos.” Y esa fue la clave para todo, allí mismo construimos con un mensaje poderoso para todos los Magdalenenses: ¡EL MAGDALENA MERECE VOLVER A SOÑAR!

Un mensaje que buscaba despertar el sentido de pertenencia por nuestra tierra y que expresara que no había héroes ni heroínas que vendrían a salvarlos, porque la realidad era que la verdadera transformación debía venir de nosotros mismos. Que teníamos que levantarnos y luchar juntos, porque los sueños sí son posibles, pero teníamos que construir rutas para lograrlos. 

Así creamos toda la narrativa de campaña con mi ADN: mis motivaciones, mis agendas políticas y mi corazón. Ocupar la Política fue ese maestro que estuvo ahí cuando los días se pusieron difíciles, cuando me enfrenté a las estructuras tradicionales del quehacer político y cuando me tocó demostrar que, como mujer, estaba preparada para asumir esa responsabilidad. 

Fue un reto titánico llevar nuestro mensaje de campaña a una ciudadanía donde no existía confianza, así que Ocupar la política se convirtió en esa herramienta que ayudó a fortalecer mi voz y valentía para llevar una bandera que rompiera con una tradición politiquera que solo traía oscuridad a mi departamento. Y lo conseguimos, logramos conectar con los sueños de muchos magdalenenses que también querían una transformación.Nos convertimos en una generación de soñadores que logramos algo inimaginable: obtuvimos la segunda mayor votación del partido para las elecciones del 2023.

4. La soledad.

A pesar de ser la segunda mayor votación del partido, no nos alcanzó el umbral general para llegar al objetivo. Entonces, aquí pasa algo muy curioso y es lo que yo llamo la “tusa electoral”. Es un momento del que pocos hablan pero que golpeó lo más profundo de mi corazón. Me cuestionaba si había hecho algo mal o qué me había faltado  por hacer. Además, tenía temor a las críticas en la calle, la burla inminente y escuchar el famoso “¡te lo dije!”. Esto me trajo muchas noches de soledad, tristeza, ansiedad y depresión; acompañado de las voces de personas diciéndome: “¡Eso no es nada, es una simple campaña y en la vida se gana y se pierde!”. 

Esos momentos no fueron fáciles porque yo nunca vi el proceso como una simple campaña, siempre lo vi como una herramienta para empezar hacer que las cosas buenas llegaran a mi departamento. 

Todo ese largo viaje, llegó al punto en el que se me dificultaba volver a encontrar el camino y encontrarme conmigo misma. Después de las elecciones, sentí que mi luz estaba tenue y apagada, como si hubiese entrado a un laberinto y no conseguía encontrar la salida por más que lo intentara. Veía difuminado el propósito que había construido con tanto esfuerzo y eso apagó de cierto modo la luz en vida. 

No es muy común que las personas que se lanzan a la política muestren sus emociones pero creo que esto ha sido lo más liberador para mi. Aprendí que no por miedo al fracaso dejaré de intentarlo. Sentir la soledad me ayudó a escucharme y poder ver con qué contaba y con qué no.También fue una decisión salir de allí porque es bastante cómoda la autocompasión y el sentimiento de conformismo que llegaba a mi mente, diciéndome “ya hiciste lo que pudiste y estuvo bien, ya puedes intentar otra cosa”. Son trampas de la misma autoprotección que tenemos todos para bloquear cualquier otro tipo de situación que te ponga en peligro, o en mi caso de volver sentir una “tusa electoral”.

5. La mariposa

Después de pasar por ese momento difícil, me di cuenta que todo lo que viví me estaba preparando para convertirme en algo más. Me reconecté con el propósito de la campaña y construí apuestas que permitieran hacer del realismo mágico algo más que utopías inalcanzables y jocosas. Era posible fomentar realidades que transforman vidas, y tomar las mariposas amarillas de nuestro nobel de literatura Gabo, como símbolo de resiliencia y de valentía, que demarcaban una ruta que le mostrara al mundo que las grandes transformaciones tienen un proceso que empieza en el interior de cada uno de nosotros, tal como pasa con las mariposas.

6. Vuela. 

Me gustaría terminar este escrito diciendo que esto apenas es el comienzo de una gran historia de sueños utópicos que trabajaré por hacer realidad. 

Un consejo: Es válido tener miedo, pero que nunca te impida a ti mismo ser quien eres o quién quieres llegar a ser. Intentar y fallar es el acto más valiente que te puedes permitir tener. Habrá momentos donde dolerá mucho el proceso, pero las heridas sanan y te hacen más fuerte; esa fortaleza es la que necesitarás para abrir tus alas y volar alto donde ni el cielo sea tu límite, y la tierra sea el soporte que te impulse a llevarte cada vez más lejos. ¡Porque siempre habrá una niña interior que merecerá volver a soñar!

Las mujeres merecen ocupar la política

Autor: Tatiana Jaramillo

—¡A esa lista no le cabe ni un tinto!—Fue lo que me dijo cierta persona ante mi interés por aspirar a la Cámara de Representantes en 2022 por la ciudad de Bogotá. Yo era una joven Comunicadora Social de 25 años, la edad mínima para ser Representante a la Cámara, que había desarrollado parte de mi trayectoria política en Cundinamarca y que pese a no venir de una familia política, no tener ningún padrino político que me financiara,  ni tampoco ser influenciadora digital o contar con el dinero suficiente para costear una campaña (una labor que requiere una cifra con varios ceros a la derecha), decidí jugármela para buscar un escaño en la lista del Partido Alianza Verde.

Pero… ¿Qué me inspiraba a ser candidata pese a todos esos obstáculos en una ciudad como Bogotá donde me enfrentaría a figuras reconocidas o ‘‘monstruos políticos’’ con maquinarias políticas de gran capacidad para asegurar su victoria?

Yo soy una firme convencida de que la política necesita más mujeres y más jóvenes preparadas, con criterio, que se opongan a la corrupción y puedan sacar adelante proyectos que beneficien a los colombianos. Jóvenes a quienes les interese incidir en las decisiones que se toman en el epicentro legislativo y mujeres que sean la voz de poblaciones subrepresentadas en la política a través de sus agendas legislativas en el Congreso. Poblaciones cómo lo son las personas con discapacidad y sus cuidadores, causa de la que me quise abanderar por vivirlo de primera mano al ser cuidadora de mi mamá, quien tiene una discapacidad física derivada de su Esclerosis Múltiple.

¿Por qué no lanzarme? Si ya me había lanzado al Concejo de Chía siendo más joven, ¿Por qué no hacerlo esta vez con más experiencia y más conocimiento? Durante la pandemia me mudé nuevamente a Bogotá, la ciudad que me vio nacer; en este tiempo reflexioné sobre mi proyecto de vida y mis sueños, entre los que estaba ser congresista, entonces decidí presentarme a las elecciones. La vida es demasiado corta, y por eso decidí que era el momento de llevar mi liderazgo social y político a un cargo de elección popular siendo una de las candidatas más jóvenes del país. 

No tenía mucho que perder, por el contrario, aunque no quedara electa, sería el inicio del camino para comenzar a visibilizarme en la escena política, no solo yo, sino mi bandera de una ciudad y un país que se planee con mayor inclusión. Soy una mujer a la que le encantan los retos y debía arriesgarme a solicitar el aval. Había muchas cosas a mi favor: la lista necesitaba mujeres para cumplir con la cuota de paridad, también buscaban incluir más jóvenes y por supuesto de alguien que hablara de discapacidad. 

Decidí dejar mi trabajo como funcionaria pública en la Secretaría de Planeación (SDP) y ya desempleada, aún con la poca certeza de cómo iba a financiar mi campaña, decidí jugármela y solicitar el aval en uno de los partidos más populares y competidos como lo es la Alianza Verde en donde militaba desde 2018., En esa misma lista a la Cámara de Representantes por Bogotá se presentaban nuevamente personajes como Mauricio Toro y Katherine Miranda (Congresistas en ejercicio). Sin embargo, le hacía falta mujeres a la lista. Cuando presenté la entrevista para el aval, me sorprendió que de 48 candidatos que se habían postulado, solo 8 éramos mujeres y solo yo era joven según la ley de Juventud. La lista estaba conformada por 18 candidatos, de los cuales 7 eran mujeres (30%) y 11 eran hombres (70%). 

Fue cuando me dieron el aval, pese a los pronósticos en mi contra, que aparece Ocupar la Política 2.0 con Extituto como un hada madrina para asesorarme y hacerme sentir empoderada. Quizá cuando tomé la decisión, sin siquiera tener un equipo en firme, no dimensioné el reto tan grande en el que me estaba metiendo, por ello fue importante tener una organización con expertos que me hablaran al oído y me dieran tips de cómo planificar mi campaña y cómo hacer que mi estrategia política, financiera y de comunicaciones fuera exitosa.

Alguien que crea en ti, así no te de dinero, siempre ayuda a que te las creas, que te pongan en el mapa al nivel de figuras que han sido electas o que tienen mayor reconocimiento que el tuyo, ayuda a fortalecer la candidatura, uno de los propósito que Extituto tiene como organización.

En materia de financiación la canción de ‘Bacilos’ le quedaba a mi campaña, pues ‘mi primer millón’ para financiar y contratar a alguien que me apoyara, lo conseguí a través de la rifa de un bono de Falabella que me había ganado en un concurso de cuento en diciembre de ese mismo año. También fue necesario poner mis ahorros para aperturar la cuenta de la campaña. A veces no había plata para movilizarme, así que el Transmilenio y el Sistema Integrado de Transporte Público de Bogotá (SITP) fueron mis grandes aliados.  Mis zapatos desgastados fueron testigos de cuánto luchamos por sacar adelante la campaña.

Hacer campaña siendo mujer no es fácil, algunas veces en la calle me encontré comentarios acosadores por parte de hombres, padecí el mansplaining e incluso que hombres de mí mismo equipo no me respetaran como su jefe. Participar directamente en política siendo joven también es complejo, pues me enfrenté muchas veces a la infantilización o a que no me vieran como una candidata seria y capaz. Realizar una campaña a la sombra de Congresistas que además eran candidatos, con gran reconocimiento y recursos económicos, se convierte en un reto titánico en el que la fe es el mayor motor para creer que tu desenlace en esta carrera de tres meses, puede resultar como el de David contra Goliat.

Caminé y recorrí la ciudad sin descanso, tanto que llegué a perder peso al punto de que la ropa se me escurría. Muchas personas que me conocían me preguntaban si estaba comiendo bien por lo delgada que me veía. A veces, esos comentarios afectaban mi autoestima. Hablaba tanto en las calles y en debates hasta quedarme sin voz, entonces no podía salir por uno o dos días mientras me recuperaba. Quise compensar ese tiempo con una estrategia digital, porque lo que más vale en campaña es el tiempo, es una carrera que va contrarreloj y en la que los resultados serán inciertos. Levantarme cuando el ánimo me tenía desvanecida y sacar una sonrisa con ahínco para seguir volanteando en las calles pese a que muchas veces la gente me rechazaba o me manifestaba que ya no creía en la política. Hoy, no sé cómo tuve fuerzas para seguir buscando apoyos, así no hubiese dormido porque mi mamá estuvo en el hospital. 

Me decepcionó ver cómo los políticos que prometieron ayudarme incumplían su palabra y apoyaban a otros candidatos, lo que se sumaba a la desmotivación que sentí cuando muchos de mis ‘’amigos’’  o mi propia familia  no me apoyaban en mi sueño. Sin embargo, empezaron a pasarme cosas que me emocionaron, porque llegaron ayudas inesperadas y ocurrieron milagros, como que los medios me abrieran espacio para darme visibilidad, donaciones que llegaban cuando ya no tenía un peso, voluntarios que se sumaron a mi causa, que me invitaran a debates y el hacer nuevos amigos que me apoyaran en mi lucha.

Todo hace parte de la montaña rusa de emociones. El revoltijo de sucesos que ocurren en una campaña pequeña, con equipo pequeño, donde yo no solo era la candidata, sino que me tocaba hacer un poco de todo (comunicaciones, estrategia, gerencia, contratos, contabilidad, financiación, coordinar volanteros) llegó  ‘Ocupar la Política’. 

Con un resultado nada despreciable de 5.858 votos me quedaron varios aprendizajes de la derrota electoral. Por ejemplo, aprendí que una campaña no empieza cuando te dan el aval y tampoco termina el día de las elecciones. Días después de las elecciones sucede el reconteo de votos, posteriormente se debe hacer el reporte de cuentas ante el Consejo Nacional Electoral (CNE). También aprendí que ser mujer no implica que más mujeres voten por tí, ni tampoco que por ser joven sean más los jóvenes quienes voten por ti. Otro aprendizaje que me queda de esta experiencia es que se puede y se debe hacer una política alternativa para cautivar el voto de opinión; esto lo aprendí de la mano de los expertos de Ocupar la  Política, quienes me dieron herramientas como el crowdfunding, me enseñaron a leer los roles que pueden desempeñar las personas del equipo de acuerdo con su personalidad y saber qué tipo de candidata era yo a la hora  de construir el storytelling de mi candidatura. También me sugirieron estrategias para buscar grupos en redes sociales como Facebook afines a mis temas, la importancia de hacer mapeos y analizar los resultados para proyectar dónde enfocarse y bajo qué sombrillas acampar mi discurso. 

Ocupar la Política me dejó experiencias que marcaron mi campaña. Los debates en universidades de renombre como la Universidad de los Andes, donde tuve la oportunidad de encontrarme con organizaciones civiles, o los espacios de formación e intercambio de la Escuela Ocupar con candidaturas que hoy habitan la política mediante una curul en el Congreso de la República y que son referentes nacionales son momentos  valiosos que sirvieron para  amplificar mi voz durante la campaña. Ocupar la Política es una experiencia que recomendaría para aquellos jóvenes que tienen aspiraciones electorales con ideas y maneras alternativas de hacer política.

RAÍCES DE RESISTENCIA

Autor: Héctor Contreras

Nací frente al caño Juan Angola en Cartagena de Indias, cuando la espesura del mangle alcanzaba las nubes. No había espacios para jugar, así que solíamos cruzar la carretera amarilla para descubrir los caminos que se abrían entre la maraña de raíces. Sin embargo, en la vida hay ventarrones tan violentos que hasta las raíces más profundas arrancan, y esta es la historia de una mangle que resistió todos ellos. 

En los tiempos en que la señora Amira vendía carbón en laticas de metal en el patio de su casa, la estela de madera y concreto se extendía desde Caño Juan Angola hasta el inicio del cerro de la Popa. Allí el manglar nos dio los horcones con los que construimos nuestros hogares y las fachadas eran collages con retazos de madera que compraban por bloque en las ebanisterías. Nosotras vivíamos en la única casa rosada de la calle. Éramos once, en cuatro cuartos.
Para el tiempo de lluvia, siempre subían los cangrejos a las camas. Los aguaceros nos obligaban a quitarnos los zapatos cuando salíamos del colegio. Nos quitábamos el zapato derecho con el pie izquierdo, el izquierdo con las manos, metíamos las medias entre los zapaticos y recogíamos las botas de los pantalones para dar zancadas con los pies dentro del agua. 

Cuidábamos nuestros trapitos como quien cuida su dignidad. Eso sí, también corríamos y nos tirábamos agua hasta llegar a casa. Para un niño o niña, una inundación no es leída como una tragedia. Nadie nos había enseñado eso, eran piscinas. En esos tiempos, tal como ahora, teníamos que salir a las casas de nuestros vecinos que estaban más altas hasta que bajase la marea. Cuando sólo quedaban chorritos, bajábamos a nuestras casas a extender las cosas porque al día siguiente había que trabajar o ir al colegio.

Sin embargo, aquellos momentos dulces a los ojos de un niño, también estarían acompañadas por mis primeras experiencias amargas. Mi expresión de género era distinta a la forma en la que se expresaban los niños en mi entorno. Todos los días, cuando salía al descanso en el colegio, los estudiantes de cursos más avanzados me armaban la papayera: chiflidos, burlitas y me encendían a bolitas de papel. Eso se repetía en cada esquina de mi barrio. Algunas veces la presión nos llevaba a los golpes. 

Recuerdo dos experiencias amargas con particular tristeza: una en primaria y otra en secundaria. Siempre fui una persona crítica; pocas cosas tan incómodas como esa para un profesor tradicional. Alguna vez, en primaria, estaba cuestionando los contenidos de una clase. Lo mejor que se le pudo ocurrir a la profesora para invalidar mis argumentos fue invalidarme a mí. “Hablándome así pareces del otro equipo”, me gritó. No se escuchó ninguna otra voz en el salón después de ese comentario. Ya no pude responderle nada más. Y, pese a que me esforzara, no pude contener mis lágrimas. Fue una lección: así te tratan cuando te atreves a cuestionar.

Hubo otro episodio en mi secundaria, a mis doce. Una estudiante de undécimo me gritó de súbito: “¡Allá va la queta del colegio!”. Me paralizó. Mi pecho se ensanchaba y contraía sin control. Ella se levantó, caminaba hacia mí mientras seguía gritando. Sacó un cepillo y me golpeó con él. Temblaba, pero la sensación de ira me desbordó, ya no me paralicé más. El polvorín que se formó no permitía distinguir a una persona de otra. A un profesor que se metió a separar, le esbembaron la camisa. Un bololó. 

Luego, nos llevaron a la rectoría. Lloraba, lloraba mucho. La impotencia me impedía calmarme. Una amiga tuvo que hablar por mí. El colegio decidió expulsar a la agresora, pero nunca le hizo seguimiento al acoso escolar que padecíamos muchos. Me cambié al colegio José de la Vega en Torices, pero no cambiaron las realidades. Fue incluso peor. En éste, una profesora citó a mi madre para decirle que yo no era un buen ejemplo para la sociedad. Que debían echarme. Resistí. 

En los momentos más duros de mi vida, las compañías de danza me acogieron. Permanencias, Ekobios, Plataforma Híbridos, el Colegio del Cuerpo, Apsara, entre otras, formaron el camino que me llevaría luego al Consejo de Área de Danza de Cartagena. Así, el arte se volvió mi medio para sanar el desarraigo. Sea el propio o el ajeno. He compartido mi experiencia para que otras comunidades sanen sus propias heridas. Eso me condujo a Medellín, en abril del 2013, a vivir una de las experiencias más significativas de mi vida: participar de la obra Inxilio el sendero de lágrimas, junto al Colegio del Cuerpo. 

Para realizarla, debíamos bailar con víctimas del conflicto armado, recogiendo sus historias de supervivencia. Yo no lo soporté, me tuvieron que brindar apoyo psicológico para poder continuar con la obra. Esto me hizo tomar conciencia de las dolorosas realidades que padecen las personas más vulnerables de nuestra nación. Pude constatar cómo el conflicto armado no estaba tan distante e incluso me hizo pensar en las dificultades que mi familia paterna soportó en su propio exilio desde el sur de Bolívar por motivos similares. O en las dinámicas de exclusión que viven los afrodescendientes en las periferias de la ciudad, tal es el caso de la familia de mami. 

Estas experiencias me ayudaron a profundizar en el sentido de los procesos comunitarios que he estado gestando en mi entorno desde hace más de una década. En el 2012, inquieto por la degradación del caño Juan Angola y su ecosistema de manglar, creé una iniciativa comunitaria junto a un grupo de jóvenes líderes del barrio San Pedro y Libertad que llegó a constituirse como la Fundación Casa Mangle. Un proyecto donde realizabamos acciones que pudieran mitigar el daño causado durante décadas a ese cuerpo de agua y a los manglares a través de la conservación y la justicia ambiental, la promoción de los DDHH, la cultura afrocaribeña, la defensa del territorio, entre otros.

Sin embargo, como persona diversa, periférica, negra y barrial, he aprendido a valorar profundamente la relevancia de tener presencia en los lugares donde se gestan las decisiones políticas. Por ello, construí colectivamente un proyecto social que buscaba alcanzar un puesto en la Junta Administradora Local de la Localidad uno, la Histórica y del Caribe Norte de Cartagena. Un organismo crucial en la priorización, inversión y vigilancia de políticas que afectan directamente a nuestra comunidad.

Mi candidatura a la Junta Administradora Local de la Localidad Uno fue una experiencia que inspiró a muchas personas. Para quienes ven en sus realidades personales una serie de obstáculos insalvables, esta campaña se presentó como una ventana de esperanza, una posibilidad real de verse representadas en alguien con vivencias y luchas similares que decidió enfrentar el reto de aspirar a un cargo de elección popular. Personas LGBTIQ+, racializadas, de zonas empobrecidas y marginalizadas encontraron en esta propuesta una voz dispuesta a hablar de sus necesidades, desafíos y sueños.

Las dificultades fueron muchas. La más dura: la falta de recursos económicos. No contar con los fondos suficientes para movilidad, espacios de campaña o publicidad supuso un reto inmenso. Fue una campaña llevada a cabo con ingenio, haciendo uso de cada oportunidad que se presentaba, cada apoyo voluntario, cada pequeño espacio de visibilidad. Recuerdo especialmente un episodio en una emisora local, donde la entrevista, en lugar de centrarse en la agenda programática, se convirtió en un interrogatorio sobre mi identidad de género y orientación sexual. La incomodidad y la tensión en el aire eran palpables, pero resistí. Sostuve mi presencia y defendí mis ideas, aunque fuera un momento adverso, ese episodio me reafirmó en la importancia de ocupar espacios políticos con autenticidad y dignidad.

No todo fue adversidad. A pesar de los retos, logramos reunir un equipo de campaña mayoritariamente joven, lleno de energía y esperanza, quienes, en calidad de voluntarios, me acompañaron aportando sus conocimientos y recursos para construir una propuesta inclusiva y diversa. Cada paso era un logro colectivo, y al final, obtuvimos 937 votos. No teníamos maquinaria política ni grandes recursos, pero contamos con la voluntad y el apoyo de casi mil personas que creyeron en un proyecto genuino, construido con esfuerzo y perseverancia.
Ocupar la Política fue un espacio de formación invaluable en este camino. Gracias a este programa del Extituto de Política Abierta, pude conectar con otras experiencias que, como la nuestra, trabajan para transformar las realidades desde la dignidad y la permanencia en el territorio. Allí comprendí que la verdadera fuerza para cambiar nuestros entornos radica en la colaboración entre nuestras luchas. Así como las raíces entrelazadas del manglar resisten las tormentas, solo la unión de nuestras causas nos permitirá enfrentar los desafíos y construir un futuro más justo y humano para nuestras comunidades.

Cada voto y cada historia compartida en esta campaña me hicieron comprender que, a pesar de las dificultades, existe una raíz profunda de resistencia en cada una de las personas que se atreven a soñar con algo mejor. Y yo continuaré llevando mis propias raíces, arraigadas en el amor y la dignidad, para resistir y florecer frente a cualquier tempestad.

Mis propias raíces llevaban consigo las marcas de las tormentas pasadas. Mis ramas susurran memorias de coraje y brío. Aunque las inundaciones, las burlas y los golpes intentaran ahogarlas, seguiré allí, como un eco ancestral que resuena en el tiempo. Mi historia es un recordatorio de que la dignidad y la autenticidad son poderosas herramientas para superar cualquier obstáculo.

Mentorías de Ocupar la Política: una red regional de aprendizaje entre pares

Autor: Alejandra Parra

Era mayo de 2019, estábamos participando en el encuentro de la Red de Innovación Política de América Latina en la Ciudad de México, y junto con varios compañeros platicábamos entusiasmados sobre la idea de un task-force latinoamericano. Nos inspiraba la idea de poder compartir nuestras experiencias previas en las campañas políticas de nuestros países, pero también queríamos aprender de las hazañas de nuestros compañeros que de lejos observábamos con admiración, desde México, Colombia, Chile, Argentina y Brasil.

Nos sentíamos, y somos, parte de la generación de jóvenes participando y co-gestando los movimientos y partidos de este nuevo ciclo político post-estallidos sociales, que se propone ocupar el poder, ocupar la política institucional con agendas de justicia social. Si bien cada uno de nuestros países tiene sus particularidades, al conversar se hacía evidente lo mucho que teníamos en común desde nuestras experiencias y lo mucho que sentíamos que nos podríamos ayudar. Y es que no era nuestra primera incursión. En 2016, ya habíamos tenido un pequeño experimento en São Paulo en donde nos reunimos para intercambiar estrategias rumbo a las elecciones locales en Brasil y había sido súper enriquecedor.

Dos semanas después de aquella conversación inicial, estaba aterrizando en Bogotá, llena de expectativas y super emocionada. Estaba lista para poner manos a la obra con las y los compañeros de Extituto y arrancar con Ocupar la Política.

El Comienzo en Bogotá

Desde que llegué, la energía del equipo de Extituto era contagiosa. Pasamos semanas en largas reuniones en las hermosas oficinas en Chapinero, articulando ideas y diseñando estrategias. Nos reunimos con posibles liderazgos para entender sus necesidades y ver si nuestra propuesta les hacía sentido. Entre reuniones, descubrí el sol de pola en el frío invierno bogotano.

Una vez que teníamos el plan, empezamos a armar el equipo de mentores y mentoras (consultoras, campaigners o militantes que han desarrollado procesos de campaña en América Latina). Buscábamos personas con experiencia, pero también con corazón y compromiso y, sobre todo, con ganas de aportar y compartir.

Formamos un equipo increíble con Dardo, Rodrigo, Giovanna, Rafael, Mariana y Gabi. Nos convertimos en grandes amigas a lo largo de esta intensa travesía. Antes de que comenzaran los procesos electorales formales, nos sumergimos completamente en Bogotá, para entender sobre el contexto político, qué se jugaba en estas elecciones al Concejo y quién era quién en la política bogotana.

Después de un riguroso proceso de selección para trabajar con los equipos más alineados con los valores de Ocupar La Política, comenzamos con dos días de talleres intensivos. La idea era nivelar la cancha, introducir a todos los equipos a nociones básicas, presentar algunas experiencias inspiradoras de la región y compartir metodologías.

Luego, agendamos reuniones individuales con las precandidaturas y sus equipos, que nos permitieron entender sus desafíos y empezar con las mentorías.

Las mentorías

En los últimos años, nos dimos cuenta de que, tras asistir a un taller o escuela de formación política o de campañas, implementar lo aprendido cuesta mucho trabajo. Así que surgió la idea de las mentorías. Queríamos apoyar de forma más cercana a los equipos para que pudieran llevar su planeación a otro nivel. Había dos tipos de mentorías: estratégica y digital. La estratégica ayudaba a definir banderas, mensajes y objetivos políticos. La digital orientaba sobre cómo montar un ecosistema digital eficiente con pocos recursos.

Las reuniones constantes nos hicieron conocer, admirar y desear el éxito de los equipos. Cada noche, después de un día lleno de encuentros u mentorías, nos reuníamos para comentar lo sucedido, siempre respetando la confidencialidad de los equipos. Este intercambio de experiencias y desafíos creó una relación especial con cada precandidatura y entre nosotras las mentoras. Fue emocionante ver cómo nuestras experiencias podían ayudar a quienes estaban comenzando.

Y el esfuerzo valió la pena. Gracias al trabajo conjunto de muchas organizaciones, de las candidaturas y sus equipos, logramos una renovación histórica en el Concejo de Bogotá con un número récord de jóvenes, mujeres feministas y activistas llegando a ocupar espacios de toma de decisiones.

Ocupar la Política 2.0

En 2021, los compañeros de Extituto una vez más convocaron al Instituto Update para diseñar y participar en Ocupar la Política 2.0, esta vez para las elecciones a la Cámara de Representantes a nivel nacional. La tarea era titánica: cinco regiones, un equipo de mentores y una metodología robusta.

Dardo y yo nos encargamos de mapear a las personas adecuadas para este desafío. Ahora en lugar de 6, armamos un equipo de 20 mentoras. A pesar de la pandemia, logramos reunir a un equipo excepcional y diverso de diferentes países de América Latina: Chile, Argentina, Uruguay, México, Colombia y Brasil. El grupo se conformó por personas militantes, consultores con experiencia en varios países, especialistas en comunicación, expertas en movilización territorial. A las pocas semanas de confirmarse todo, ya nos estábamos encontrando todas en Bogotá de nuevo.

Esta vez, antes de empezar con el contacto directo con las pre-candidaturas y sus equipos, organizamos un día entero en Bogotá para compartir experiencias entre las propias mentoras. Al final, estábamos reuniendo a un grupo de 20 personas con experiencias super variadas, que no se conocían entre sí! Este proceso de peer-to-peer learning fue transformador y todas salimos de ahí con aún más herramientas. Pasamos un día entero compartiendo metodologías y conocimientos para que nuestras mentorías fueran aún más potentes y se pudieran enriquecer de la experiencia de todas las demás. Además, tuvimos clases previas sobre el contexto político de Colombia, cómo funcionaba el sistema político, el proceso de las curules de paz y la emocionante elección presidencial de fondo.

Divididas en cinco grupos, nos dirigimos a las regiones. Allí, en territorio, pudimos reunirnos presencialmente con las precandidaturas y sus equipos siguiendo una metodología similar a la de 2019, mejorada con los aprendizajes. Fue una experiencia enriquecedora, no solo para ellas, sino también para nosotras, al conocer de cerca las diversas realidades políticas de Colombia y vivir el emocionante momento político del país.

Los resultados fueron igualmente impresionantes. 23 candidaturas de Ocupar la Política entraron a la Cámara Representantes y están hoy trabajando por una agenda ciudadana.

Fortaleciendo la red de mentorías

Gracias a estas experiencias, estamos hoy en proceso de consolidar una red de mentoras que apoyan y acompañan a los nuevos liderazgos políticos en América Latina. En los últimos años hemos implementado este modelo en procesos en Chile, México y Brasil, con excelentes resultados y aprendizajes. La aventura de Ocupar la Política continúa, siempre con el mismo objetivo: transformar la política dándole voz a la ciudadanía y con perfiles colaborativos.

TERAPIA

Autor: Andrés Felipe Segura Arnaiz

No soy fanático de House of Cards, y eso que llevo más de una década trabajando en comunicación política desde diferentes perspectivas. Me niego a creer en esa visión cinematográfica y maquiavélica de la política. Por supuesto, es atractiva, entretenida y genera polémica, ese ingrediente que potencia el espectáculo del poder, pero también he encontrado a personas que quieren hacer las cosas bien, la mayoría de las veces con más instinto y vocación que con método. Pensar que la política es solo un juego de cálculos y una inevitable búsqueda de fines por encima de los medios, es alejarse un poco de la realidad.

El placer culposo

Cuando Extituto de Política Abierta y el Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria (NIMD) me invitaron a trabajar en el proyecto Ocupar la Política me encontraba en un momento personal difícil; eran tiempos de incertidumbre y presiones que ponían una carga sobre mis hombros que afectaba mi entorno laboral. Cuando surge esta oportunidad la acepté como una forma de desconexión, como una forma de ocupar mi mente en otros temas, y el ejercicio resultó ser mucho mejor de lo que esperaba.

Mi experiencia profesional ha estado principalmente relacionada con la comunicación, la estrategia gubernamental, el relacionamiento entre el sector privado y el Estado, y la investigación en opinión pública. Sin embargo, el “gusanillo” electoral siempre está latente y este proyecto me acercaba a él, lo que a veces termina siendo más desgastante de lo que se pensaba al comienzo.

El reto se veía interesante: acompañar a personas que se estaban sumergiendo en el caudaloso río de la política electoral. Algunos de ellos venían del activismo, otros ya tenían experiencia en organizaciones sociales, y unos ya habían probado ese postre adictivo de la política. Pude trabajar con personas en la costa caribe colombiana, luego se extendió la posibilidad al Tolima con candidatos en su mayoría de la zona metropolitana de Ibagué, dos regiones dispares entre ellas, pero, sobre todo, alejadas a mi cotidianidad capitalina.

En cada una de las charlas, muy diferentes entre ellas, desde una perspectiva de conocimientos y estrategias, (esa palabra que genera tantas expectativas, pero pocos entienden cómo se apropia en las campañas), me reencontré con la esencia de la política: Personas que desean llevar bienestar a los suyos, su versión de bienestar, y entrar a ese desafío adictivo del ejercicio del poder. Al mismo tiempo, mujeres y hombres con miedos e inseguridades que deben poner bajo una máscara.

No es fácil poner el rostro, sus ideas, su ego y su reputación al escrutinio de las personas; es muy fácil subestimar esto. Pasar de escuchar a personas que solo dicen lo que quieres oír, para que en la puerta siguiente las voces solo repiten todo lo malo que hay en lo que representas, no es lo que uno se imagina como un ambiente profesional cómodo. Y pones parte de tu patrimonio en una apuesta donde las mayores posibilidades se encuentran en el lado de la derrota.

Hablando con el espejo

Acompañar a personas que están dispuestas a crecer mientras se lanzan a las aguas revueltas de la política es un buen comienzo. Compartir experiencias con personas que en realidad están interesadas en la conversación siempre es gratificante.

Varios de los candidatos con quienes conversé son jóvenes, un par de ellos ni siquiera habían terminado su carrera universitaria, y aun así ya tenían callos en las manos de impulsar personas en proyectos sociales y políticos. El diálogo con ellos se enfocó principalmente en ayudarles a comprender que la política es una lucha mucho más intensa de lo que imaginaban. No se trata solo de buenas ideas, carisma, activismo o de tener amigos. Las elecciones requieren cálculos matemáticos, gestión logística profesional y, sobre todo, un pragmatismo que fácilmente cruza la línea del cinismo.

Hace poco releí un texto que afirma que uno no debe medirse por los resultados porque nunca se podrá controlar todos los aspectos para alcanzarlos, en cambio debe ser disciplinado para evaluar los procesos que son la apuesta que uno hace para lograr lo que se quiere. Frase que resuena todos los días en mi cabeza porque cuando uno se mete en el cuento de la estrategia, el cerebro hace exactamente lo contrario, y ser estratégico no es más que un problema para el bienestar mental.

Con ellos, el resultado no se dio. En el primer caso los resultados no se dieron por esos juegos políticos que no podía controlar, aunque sabíamos que se debió hacer algo más para mitigarlos. El segundo no logró aterrizar sus capacidades sobreestimadas. El proceso no fue el mejor y el resultado fue consecuente.

También, tuve la oportunidad de acompañar casos con resultados electoralmente exitosos. Jóvenes con experiencia profesional y política que se notaba en la organización que le dieron a sus planes. Lograron construir equipos que pusieron su sudor y su corazón frente al proyecto. Más allá de la satisfacción que tuvieron los días siguientes a la elección, lo que les quedará son esos lazos que crearon con las personas que durante semanas trabajaron hombro a hombro por entender a sus comunidades y encontrar el camino para ganarse la confianza de miles de votos.

Las elecciones son un laboratorio perfecto de lo que es la comunicación política, donde las acciones se hacen al instante y el resultado se puede palpar en los ojos de la gente. Y al mismo tiempo es uno de los pocos espacios laborales donde los equipos dan todo de sí por un objetivo, lo que hace que las relaciones sean más intensas y memorables. Ahí está ese espíritu de la política que uno deja secar cuando se dedica a alimentar el pequeño Frank Underwood que tiene dentro.

El trabajo con ellas y ellos fue escucharles, lograr que tuvieran un espacio de confianza donde manifestar sus dudas y ordenar las ideas que estaban dentro de sus equipos. A veces brindar tranquilidad y apoyo es lo que las personas necesitan. Recuerdo a aquel consultor que, cuando yo arrancaba mi carrera, lo hacía de forma magistral con unos clientes empresariales de renombre, y yo solo espero lograr algo medianamente parecido con estos jóvenes.

La posibilidad de tener ese diálogo sólo me permitía pensar que en mi trabajo pocas veces tengo el espacio para tener esas conversaciones, que son iluminadoras, por lo que yo terminé llevándome más aprendizajes que ellos. Este proceso de construcción es invaluable.

El caos no es disculpa para olvidar el método

Al final fueron 10 candidaturas con quienes conversamos sobre cómo recoger recursos, calcular cuántos votos se necesitaban, identificar dónde estaban esos votantes, construir un mensaje conciso que resumiera sus objetivos, hasta cómo organizar los refrigerios para el día de las elecciones.

La política, que no es más que la gestión de las relaciones de poder, requiere de una capacidad excepcional para coordinar y comunicarse con personas diversas. Esta tarea es mucho más compleja de lo que se puede apreciar desde la academia o el análisis político. En la calle siempre hay intereses contrapuestos, y es precisamente en entender cómo organizar tantas tensiones donde se puede alcanzar cierto orden dentro del caos.

Aun así, debo reconocer que el sesgo centralista al provenir de Bogotá fue un limitante para entender dinámicas locales. Como aprendizaje personal, esa experiencia me permitió validar ciertos métodos o ideas sobre cómo funciona la política. Debo agradecer la apertura de mis candidatos para dar estas conversaciones y poner a disposición sus campañas frente a mis modelos, pero al mismo tiempo tener la capacidad de discutir el cómo alimentarlos desde su experiencia.

Sigo pensando que en un proceso electoral lo más importante es el contexto, no tanto el trabajo bien o mal hecho. A veces se gana o se pierde simplemente porque era el momento adecuado o no lo era. Identificar esos tiempos es complicado y es una de las habilidades que los buenos políticos desarrollan con la experiencia. Adaptarse es fundamental, pero hasta para adaptarse hay que tener claro el horizonte.

La importancia del bien-hacer

Encontré personas que, a pesar de haber sido influenciadas por una visión mediática y maquiavélica de la política, son conscientes de que la verdadera razón de este ejercicio se construye en el día a día, en el contacto directo con las personas, en mirar a los ojos, y dar una mano de forma sincera. Hacer política no se reduce a tomar decisiones en grandes auditorios, sino que implica un compromiso real con la comunidad. Esta es la esencia de la política: la conexión humana, la búsqueda del bien común y la construcción de una sociedad más justa.

En una sociedad cada vez más compleja, la buena política requiere de un trabajo profesional, estructurado y ético. No se trata solo de tener buenas ideas, sino de implementarlas de manera responsable y comprometida. Desafortunadamente, en Colombia, la política a menudo se ha reducido a una mera disputa de intereses, pero Ocupar la Política demuestra que es posible hacer las cosas de manera diferente, donde podemos construir una relación más estrecha entre la ciudadanía y los actores políticos, basada en la confianza.

Inspirarse para innovar

Las experiencias previas a Ocupar la política nos brindaron un lenguaje nuevo para referirnos a la ola de transformaciones en la que participamos. Gracias a una reinterpretación del gobierno y el Estado abierto, la idea de una “política abierta”, que además está en el centro del planteamiento de Extituto como organización, apareció. En la política abierta se recoge la necesidad de involucrar en las transformaciones a otros actores y no solo al Estado, entender la política por fuera de las instituciones y pensar en la importancia de que todos los actores políticos se sumen en el esfuerzo mancomunado. La política abierta es también una política colectiva, que pone en el centro las preocupaciones, las formas y los intereses de la ciudadanía y que permite su libre circulación alrededor de los espacios de participación.

Este playbook es una invitación a continuar en el ejercicio de inspirar: mirar atrás, mirar a los lados, mirar al futuro. Al hacerlo, reconocemos a los referentes que nos precedieron y construimos sobre sus logros. Esta es una síntesis que buscamos contribuya a lo que está por venir, una guía para seguir innovando en la política electoral desde cualquier lugar en el que estemos.

Un nuevo lenguaje compartido

Candidaturas y mandatos colectivos

Brasil

Laboratorios de innovación política

Argentina

Wikipolítica

México

Innovar es aprender de lo que se ha hecho y, a partir de ese análisis, iterar, experimentar, jugar a crear. La innovación requiere altas dosis de inspiración, que puede detonar nuevas acciones, permite alcanzar respuestas a preguntas complejas y ver con claridad los valores agregados de lo que se ha hecho anteriormente. Esperamos que este compilado de experiencias contribuya a alimentar la creación de nuevos procesos y a convencer a otras personas en la región de que es posible darle nuevos aires a la política electoral. Reconocemos la fuerza que nos dieron los casos de innovación electoral que conocimos y descubrimos a través de videos, relatos, lecturas e intercambios con sus creadoras, gracias a ellas y a ellos nos lanzamos a imaginar. En este compilado, queremos también dar crédito a quienes lo hicieron antes, a quienes, seguramente sin proponérselo, habilitaron nuestro proceso.

Candidaturas y mandatos colectivos - Brasil

Las experiencias de Muitas y Bancada Ativista en Brasil nos muestran que es posible tener candidaturas colectivas, abiertas y colaborativas.

Las experiencias de Muitas y Bancada Ativista en Brasil fueron otra fuente de inspiración.

Muitas, colectivo de Belo Horizonte conformado por integrantes de movimientos ciudadanos, organizaciones, colectivos y activistas con el deseo de “ocupar las elecciones con la ciudadanía y con osadía”. Muitas articuló candidaturas de mujeres comprometidas con una política antirracista, feminista, pro-LGBTIQ+ y en defensa de los derechos y la vida en las periferias. En 2016, Aurea Carolina y Cida Falabella, ambas parte de Muitas, son electas y crean la primera experiencia de mandato compartido en Belo Horizonte: la Gabinetona. Desde ese momento, la Gabinetona ha sido un experimento de política colectiva, abierta y colaborativa que está todavía vigente. En 2019, logró reunir 4 mandatos parlamentarios: en la Cámara Municipal de Belo Horizonte, la Asamblea Legislativa de Minas Gerais y la Cámara de diputados a nivel federal. Han logrado articular estrategias, equipos y acciones para potenciar la transformación y las nuevas lógicas de la política.

Bancada Activista tuvo una experiencia comparable, comenzó en Sao Paulo en 2016 y en 2018 tuvo una actuación en puestos a nivel estatal y nacional. Bancada Ativista tuvo como postulado tener una candidatura colectiva de activistas “de diversas procedencias y partidos políticos” y quien saliera elegido compartiría las responsabilidades y recursos con los demás miembros. Asegurándose tener un asidero con organizaciones comunitarias, sociales y políticas en el territorio.

Estas experiencias, sumadas a Agora é com a gente y Chama, se reunieron en 2017 en un encuentro llamado Ocupa Politica, que buscó reunir los aprendizajes y fortalecer estas experiencias con una perspectiva de sostenibilidad.

Cada uno de estos espacios contribuyó a moldear Ocupar la Política. Con Muitas la prioridad de una agenda programática nos causó interés. Bancada Ativista nos permitió ver cómo una campaña colectiva puede tomar ventaja de “combinar candidaturas de diferentes orígenes, talentos y capacidades organizativas”. Gracias a Ocupa Politica, donde logramos participar en su segunda versión, pudimos priorizar qué tipo de proyecto queríamos liderar desde nuestras propias agendas comprometidas de fortalecimiento de la democracia y nuestro rol como organización de la sociedad civil con perspectiva multipartidista.

Laboratorios de innovación política - Argentina

Santa Lab nos lleva a reflexionar sobre cómo experimentar y hackear la política desde adentro para lograr que sea más abierta y ciudadana.

SantaLab, laboratorio de innovación política en Santa Fé (Argentina), se dedica a transformar la participación ciudadana y la gobernanza desde una perspectiva inclusiva y sostenible. Este espacio impulsa proyectos que buscan fortalecer la democracia a través de la tecnología y la colaboración entre diversos actores sociales. En SantaLab, se han desarrollado iniciativas que promueven la inclusión digital, la participación activa de la ciudadanía en procesos políticos y la creación de políticas públicas más equitativas y efectivas. Desde su enfoque en la innovación abierta, SantaLab ha logrado articular redes y comunidades que trabajan juntas para enfrentar desafíos sociales y políticos complejos.

El laboratorio de SantaLab es la última experiencia significativa que inspiró Ocupar la Política. Si bien en los inicios de Ocupar la Política había certeza sobre querer trabajar en elecciones, el proyecto Ocupar la Política era un medio para llegar a transformar y hackear la política desde adentro. El verdadero objetivo no es sólo lograr tener una política más representativa, colaborativa y ciudadana, sino gracias a eso transformar las decisiones públicas, fortalecer las instituciones y los procesos de participación. SantaLab le dio a Ocupar la Política una perspectiva a futuro y muchas ideas sobre qué hacer después de ocupar los cargos de elección popular.

Con SantaLab, aprendimos la importancia de integrar la tecnología y la innovación en nuestras estrategias, y nos inspiramos en su capacidad para movilizar a la ciudadanía y fomentar la colaboración entre diversos sectores. SantaLab logró diseñar formas de participación más allá de la inclusión de redes comunitarias y activistas; SantaLab buscó que hubiera un reconocimiento y fomentó la participación por parte de representantes de todas las orillas del espectro político.

Wikipolítica - México

La Wikipolítica fue un colectivo de ciudadanas y ciudadanos que a través de una campaña política demostró que #LosMurosSíCaen.

La reforma constitucional de México del año 2014 habilitó que candidaturas independientes pudieran presentarse a curules de elección popular. En Colombia, esto ya era posible desde 1991, por lo tanto era común que las elecciones estuvieran precedidas por campañas para recolectar firmas y consolidar de “movimientos ciudadanos”. Sin embargo, la experiencia mexicana le dio a esto un nuevo toque, al que pronto se le asociaría con sentimientos e imágenes.

La Wikipolítica fue el colectivo de ciudadanas y ciudadanos que hicieron posible la candidatura y elección de Pedro Kumamoto quien, con sólo 25 años, logró una curul en la Cámara de Diputados de Jalisco. Este caso ha sido estudiado por su éxito en haber “ciudadanizado” la política. Es decir, haber tenido la capacidad de articular a personas sin previo vínculo a un partido político, alrededor de agendas y compromisos concertados. Es importante resaltar que una diferencia primordial con los movimientos ciudadanos que ya conocíamos en Colombia fue su capacidad de abrir los espacios políticos a la participación de todas las personas que hacían parte del colectivo. Es decir, la participación no se limitaba a los mitines, como suele ser el caso, quienes participaron en la Wikipolítica pudieron participar también en decisiones de la campaña y fueron protagonistas de ella.